¿Por qué todos odian a la televisión chilena?

Abril 10, 2018 |
Responsive image

No fue de la noche a la mañana. Ni tampoco de un dia para otro. Los chilenos tenemos motivos por los cuales debemos avergonzarnos de nuestra televisión. Pero… ¿Por qué la gente odia este medio? ¿Es genuino? ¿Es odiar por odiar o hay fundamento detrás?

Si, es genuino. Y hay bastante fundamento detrás. Es cosa de comparar la gran mayoría de críticas de televisión de hace 20, 25 o 30 años con las que hay ahora. ¡Exacto! De ser una excelente y refinada versión de industrias avanzadas, pasamos a ser una mala copia de lo peor de las teles de Argentina y España.

Hace 25 años teníamos un verdadero abanico de contenidos: Programas de entretención de altura como “Martes 13”, “Noche de ronda”, “Siempre Lunes”, novelas nacionales y extranjeras de turno y franjeados como “Éxito”, “Buenos días a todos” y “Acompáñeme”, convivían con programas culturales que lograron ser masivos como “Creaciones”, “Bellavista 0990”, “El show de los libros” y los conciertos de música docta que solía programar Canal 13 con la conducción de Hernán Precht.

Ahora los que bordeamos los 25 años y vamos rumbo a los 30 añoramos esa etapa. Hoy son pocos los programas buenos en televisión abierta mientras algunos espacios llegan hasta el hartazgo de deplorables, y otros como “Intrusos” y “Primer Plano” sobreviven a duras penas, con ratings bajísimos y con buenas intenciones de reinvención y dejar atrás todo lo polémico que rodeó a esos programas.

Son años de malas decisiones las que hicieron que la TV chilena tenga un odio casi similar al que le tienen a Televisa en México. Hablemos de ejecutivos buenos a los que echaron por ambiciones políticas en vez de evaluaciones serias sobre su gestión (como es el caso de Enrique García en Canal 13), programas que naufragaron en horarios de poronga (“Entretenidos” de Telecanal, las “Súper series” de TVN, “Vida por vida” en el 13 de los realities) y privilegios de contenidos basura pero rentables (ya sabemos cuáles), que cuando dejaron de dar plata siguieron abusando de ellos porque se pensaba que eran programas indispensables o imprescindibles para la tele.

Peor era la gente que defendía estos contenidos, muchos ligados a la industria televisiva, quienes justificaban todo tildando de “intelectuales” o “graves” a los que criticaban la TV chilena, sin ningún sentido de la autocrítica.

“No es tu asunto este tema”, “tú no trabajas en televisión”, “cuando estés en la industria hablamos”, “si no te gusta cámbiale, apágala o ponte a ver YouTube”. Todos argumentos de una soberbia que impedía a esa gente ver la realidad.

Los más jóvenes terminaron haciendo caso a la altanería de mucho laburante de la industria y se terminaron alejando de una televisión llena de ególatras, narcisistas, altaneros, soberbios y que constantemente se miraban al ombligo haciendole creer a la gente que una pelea entre dos personas desconocidas era más importante y debía ser más proyectado que cualquier escándalo de corrupción. La promoción de la ignorancia hizo que todos nos fueramos a buscar lo que nos gusta y a satisfacer nuestra necesidad de entretenimiento a través de otros medios: Radio, YouTube, Netflix, el mismo cable.

De tan magnitud fue el desastre que hoy el chileno promedio que hace que nuestro país ocupe lugares de privilegio en los rankings de ignorancia, y en Latinoamérica solo somos superados por países como… México. Políticamente ignorantes, musicalmente analfabetos, desinteresados en cultura (es cosa de ver la alarmante encuesta hecha por el Ministerio de Cultura que dice que mucha gente no va a museos o espectáculos musicales por ser “aburridos”) y desconocedores de todas las corrientes que hay actualmente.

Los chilenos viven en un mundo paralelo… o mejor dicho, un mundo lleno de posverdad, de mentiras, de indecencia y de egocentrismo sobrelegitimado y avalado por las cúpulas de poder.

¿Tenemos todo el derecho de criticar los errores de nuestra tele? Por supuesto que si, y “tú eres intelectual” no tiene por qué ser un contraargumento válido ya que no habla del problema de fondo y los que están equivocados siempre son los que critican. ¿Tenemos el derecho de exigir mejores contenidos? Obvio. Por mucho que los canales sean privados, están ocupando un espectro de bien público que nos pertenece a todos. ¿Por qué hay gente que insiste en que la televisión chilena debe ser una dictadura en la que unos pocos tienen acceso, y otros muchos se quedan viendo la fiesta desde lejos y con el repudio y la violencia contra ellos por lo mismo?

La casta de los protegidos, los contenidos y programas basura, la negativa de la misma industria a hacer contenidos vanguardistas, la ausencia de shows musicales de alto vuelo, la sobrepoblación de personas nefastos en farándula y política, y el exceso de malos ejemplos han provocado tal descalabro social y que nadie se ha hecho cargo. Por eso la televisión chilena tiene el odio muy bien ganado, porque no tienen el prestigio ni la excelencia ni mucho menos la seriedad de otros canales más avanzados y líderes en lo que hacen. Y cuando alguien les hace ver que están mal, reaccionan muy a la defensiva y pronosticando las penas del infierno para sus detractores.