Las triunfadoras de Viña: Homenaje a Ha*Ash (y el acabose del paradigma de Pablito Aguilera)

Febrero 26, 2018 |
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Para justificar este homenaje, vamos a situarnos en los años 80s: Corría el tiempo en que si algo no sonaba en la radio, no tendría la mayor relevancia. Y en eso tenían mucho que ver los sellos quienes mandaban a diversos artistas que podían tener potencial para pegar en nuestro país como lo venían haciendo en otros lugares del continente. Pero todo eso lo hacían a la suerte de la olla. Por eso algunos pasaron sin pena ni gloria (Flans, Menudo, Mirla Castellanos) y otros fueron un verdadero golazo (Amanda Miguel, Lucero, Pandora, Luis Miguel, etc).

Y entre todo eso, Pablito Aguilera era el que llevaba la batuta durante esa década y los benditos noventas acerca de la música latina que escuchamos durante aquellos años. Cual dictador, no sonaba algun artista en la Pudahuel sin que él lo supiera. Algunas veces tuvo reparos con ciertos artistas que sonaban en “la radio amorosa” y, en otros casos, los apoyaba.

Pero el tema acá es que un baladista, si no tenía el apoyo del otrora rey de la mañana de la dueña de casa, simplemente quedaba a la deriva.

Felizmente eso quedó en otras décadas. Porque ahora estamos en los tiempos del Spotify, de YouTube, del boca a boca, de Deezer, de Google Play Music. Ya la radio no tiene el monopolio de lo que los chilenos, de diferentes grupos etareos, debían escuchar. Es más, se han adaptado a las nuevas tecnologías y, en muchas ocasiones, ciertos artistas ingresan a las parrillas radiales por su asome en el Top 50 Chile o en los llamados “shazameos”. Asi fue como Sony Music se dignó a promocionar a Fifth Harmony en nuestro país y espero que sigan el mismo conducto con Ventino #ydele.

Ya eso de que un artista que es conocido en otros países pero acá no es un insignificante poco talentoso quedó en el pasado. Atrás quedó el tiempo en que un radiocontrolador, sea con plata de por medio o no, ponía al artista que se le antojaba hasta cinco veces en una radioemisora. Hoy el talento habla por si solo, y acá caen las Ha*Ash.

Este duo de hermosas artistas mexicanas antes eran de conocimiento solo de aquellos que veian RMS o Telehit, con presencia en solo contadas cableoperadoras. Hoy, gracias al bendito Spotify y a otras plataformas, han subido su público en todos los países, incluyendo este. Como quedó demostrado en el Festival de Viña del Mar, repitiendo el fenómeno de Lali Espósito.

Ha*Ash no necesitan agredir a otro a viva voz para sobresalir. Puesto que ellas llevan como bandera el amor sincero y certero, asi como ciertas palabras cuando la quimica sencillamente se acaba. Ambas han ganado una respetable trayectoria gracias a su sencillez, su humildad y sus ganas de querer ofrecer un producto de la mejor calidad posible a quienes las escuchamos. Con esa chispa que te ofrecen otras artistas mexicanas talentosas de diferentes épocas.

Por eso, para mi, y para quienes hacemos LTSC, Hannah y Ashley Perez Mosa se ganaron el respeto de muchos. Incluso quienes, quizá a mediados de la década pasada, las miraron a huevo cuando ofrecieron su música en algunas emisoras de corte latino. A quienes las desecharon por A, B, C o quién sabe qué motivo, y en su lugar, privilegiaron otras bostas de dudosa calidad pero rentables. El talento, una vez más, como siempre ha sido, ha prevalecido y nos dio un mensaje que para ser reconocido, la única manera válida y con un progreso natural es la del trabajo duro. Cueste lo que cueste.

Ha*Ash han subido bastante su fanaticada, entre la que se cuentan incluso amigos y conocidos, y muchos quienes caimos rendidos a sus pies apenas salieron sus últimos discos como “Primera fila, hecho realidad” o el exquisito trabajo “30 de Febrero”. Y subirán mucho más después de su excelente presentación en la Quinta Vergara. Qué equivocado estaba el o la periodista de TVN que las tachó de “la gran incógnita”, cuando el talento acá habla por si solo.

Ellas han sido las verdaderas ganadoras de este festival. Las verdaderas reinas, las que callaron muchas bocas solo con sus dulces voces. Ellas ganaron. No las que se saben el manual italiano de los escándalos y las pobrémicas. Eso que quede solo para los matinales, o para las periodistas con la vocecita de cahuinera insoportable. El buenrollismo que ellas nos transmitieron estará siempre en el primer lugar, de los rankings, de las audiencias, pero por sobre todo, del criterio y de la ética mediática.

Señores ejecutivos, el llamado de acá en cuanto es uno solo: Más Spotify, menos Mediaset.