El realismo económico de los estelares del 13 (o la TV chilena en tiempos difíciles)

Febrero 12, 2018 |
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Surgió a partir de una reflexión a partir de algo que me ha tocado constatar viendo muy menudamente “Martes 13” en RecTV: Que los estelares de Canal 13 en esa época no se creían el cuento, no eran más de lo que podía permitirse el país en dictadura, y más aún saliendo de la recesión pero entrando en un climax de inestabilidad social que desembocó en el “no ha terminado la guerra” del viejo nefasto.

Si, cierto, en los primeros estelares de la dupla Santis-Bertrán en UCTV pudimos ver a nombres grandes como Barry White en los tiempos del dolar a $39 y de las políticas neoliberales que dieron pie a la famosa crisis de 1982.

Y yo reconozco que cuando iba en la media, creía que en los 80s traían a la creme de la creme de la música anglo, pero no. Viendo el mismo programa en RecTV, eran más de la música latina. Trajeron a gente consagrada, otros para sus debuts y otros desconocidos que nunca más trascendieron en nuestros lares. ¿Era malo eso? No, era algo de realismo económico, consecuente con la realidad del país y muy a diferencia del despilfarro del TVN de los milicos permitido por las autoridades designadas por el régimen.

Es que en esos años, mientras TVN hacía especiales sobre lo terrible que era el terrorismo, responsabilizando a “la malvada izquierda marxista” y hasta mostrando interrogatorios de frentistas evidentemente demacrados (investiguen lo que pasó en diciembre de 1987, incluso salió en el reportaje de “Informe Especial” sobre los montajes de la dictadura, que no tiene desperdicio), el canal católico llamaba a la paz, a la unión de los chilenos, en la medida de lo posible, claro está. Nunca vimos violencia ni llamados a “defender el régimen” en sus pantallas, por más que hayan tenido a pinochetistas recalcitrantes como Hasbún y “sapos de la yuta” como Honorato.

El mismo “Martes 13”, el teleteatro de “Medio Mundo” conducido por Juan La Rivera, eran ejemplos de que en otros tiempos, cuando el país vivía tiempos difíciles, florecía la creatividad sin la ostentación.

De hecho, la costumbre de traer anglos fuertes recien volvió en 1988, cuando Raúl Matas y Felipe Pavéz crearon “Una vez más” mezclando sketches con actuaciones musicales, con la visita de Laura Branigan. Al año siguiente aggiornaron el programa y se volvió el añorado estelar que hoy todos recordamos con cariño.

Es más, “Martes 13” no trajo números fuertes sino hasta el ’89, cuando Chile se preparaba para volver a la democracia, con la visita de Bonnie Tyler. ¿Tiene que ver? Obvio, de hecho, recien del ’90 en adelante, cuando la democracia volvió a reinstalarse, vimos grandes figuras en los estelares del 13, consecuentemente con el buen pasar financiero que vivia el país, cuando crecíamos a cifras inimaginables.

Y consecuentemente (again) con la crisis de TVN, Antonio Vodanovic se quejaba por el recorte de presupuesto de su “Siempre Lunes”, del cual recien se pudieron reponer en 1991, cuando el canal público volvió a tener buenos niveles de sintonía, al menos en su programación prime, intercalando actuaciones de Loco Mia, Garibaldi y Lucía Mendez en el mismo programa de “la gran figura internacional de la TV chilena” con la entrevista a Zoila Sierra en el excelente programa “El Mirador”, o los reportajes sobre exiliados o Detenidos Desaparecidos en “Informe Especial”.

Ahora, hay algo que no me cabe en la cabeza…

Lo que estoy describiendoles era lo que vivió Canal 13 en los 80s y 90s, y una pincelada de TVN durante y después de la dictadura.

Y acá cae la siguiente pregunta: Si el país andaba bien, creciendo lento, pero no a niveles de desabastecimiento como en Venezuela o Haití… ¿Por qué fueron tan amarretes para producir programas?

Piñera vendía que con su gobierno el país crecía, pero… ¿Por qué en lugar de ver grandes figuras de la canción, que reflejaran el crecimiento económico de Chile, terminamos viendo a farandulitos y farandulitas llorando, peleando, insultándose y hostigándose frente a las cámaras y a vista y paciencia de muchos que tiempo después se volvieron feministas y más conscientes de lo que veían?

¿Por qué si los índices decían que teníamos un índice per-capita sobre lo esperado y los derechos sociales se hacían realidad, en lugar de ver a lo último de lo último de la canción, terminamos viendo a Oriana Marzoli insultando y denigrando a medio mundo con el beneplácito de los millennials? ¿Usted considera eso justo?

Si usted cree que no tiene nada que ver estos temas, acuérdense de que en Argentina, después de la crisis del 2001, proliferaron programas corrientes y populacheros como “La Corte”, “Zap TV”, “Entre Moria y Vos”, “Contrafuego”, los ciclos de Mauro Viale que venían del menemato, si hasta “Videomatch” bajó su calidad en el 2002.

Entonces, cada vez que hubo crisis, la calidad bajaba. La tele está en crisis, y ellos se la buscaron porque cuando había que formar el cambio, eligieron ocultar los problemas del primer “Piñerato” bajo una peligrosa alfombra que acumulaba y acumulaba esa suciedad, en medio del Movimiento Estudiantil. Era incongruente que mientras Chile pedía educación gratuita y de calidad, el programa favorito de la gilada era “Primer Plano” con todos sus escándalos ostentosos, vanidosos y con un presupuesto escandaloso que, por supuesto, debía servir para otras cosas.

De hecho, la farándula se hizo fuerte en esos años para que el chileno promedio no pensara, desconociera los problemas que hacían de Chile un “país de mierda” como suele recalcar el termismo de izquierda, que es tan nefasto como el de derecha. Si hasta Chilevisión Noticias en esa época hablaba de escándalos farandulosos. Si incluso el entonces Meganoticias le dedicó un reportaje extenso al “fenómeno de la farándula”. Si hasta “Vía Pública”, del Canal 24 Horas, entrevistó a panelistas faranduleros para explicar por qué eran tan exitosos. ¿No cree que “todo tiene que ver con todo”?

Es que no me cabe en la cabeza. Los millennials chilenos son tan despreocupados del país que se preocuparon más de un reality que del joven, que al igual que ellos, encontró en la gratuidad la solución para ser alguien en la vida. Y a cambio, no vieron a sus artistas favoritos porque las lucas no lo permitían, pero vieran el despilfarro de las producciones de ese nefasto llamado Ignacio Corvalan.