SBT, o cómo ser rentable siendo familiar, nacional y popular

Septiembre 4, 2017 |
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Para que la televisión chilena vaya tomando nota de cómo ser populares y rentables sin perder el sentido ni mucho menos la cercanía con la audiencia.

En 1981, las ex frecuencias de la fallecida Rede Tupí se entregaron en subasta, un puñado de ellas cae en un popular animador: Silvio Santos. Él venía de hacer su programa dominical en cadenas como Rede Globo y Record, además de tener un canal que era la TVS Canal 11 de Río de Janeiro. Entonces, se propuso crecer más.

En agosto de ese año, en una ceremonia de entrega de licencias, anunciaba que estaba al aire TVS Canal 4 de Sao Paulo, que junto con otras emisoras de Brasil, dio origen al Sistema Brasilero de Televisao.

Sin embargo, su programación “populachera” y destinada a las clases bajas no atraía ni a la audiencia ni a los avisadores. Las marcas más reconocidas no estaban dispuestas a poner algunos de sus avisos en la naciente SBT en sus primeros años. Y tenían razón: Un programa de servicio que duraba toda la tarde y donde habían situaciones de peleas y al final se ponían a rezar el Ave María no iba a atraer a los anunciantes más duros.

Entonces, en 1983 comienza un proceso para subirle el pelo a un canal tildado de “brega”. Compran películas, series, el “Programa Silvio Santos” se fortalece. Sumado a todo ello, traen “El Chavo del 8” bautizándolo como “Chaves”, importan una serie de novelas de Televisa, contratan rostros reconocidos como Boris Casoy, Hebe Camargo, Sergio Chapelin, Jó Soares (cuya contratación fue anunciada por el propio “Homem do Baú” interrumpiendo el noticiero central de la cadena, que entonces se llamaba “Noticentro”), además se dedican a crear animadores que rápidamente se ganaron el cariño de la audiencia, como Gugú Liberato (que incluso el mismo “Patrao” impidió que se lo llevara la todopoderosa Globo pagando incluso la multa de recesión de contrato) que condujo “Viva a Noite” y luego una serie de programas musicales y familiares hasta su salida del canal en 2009.

Además, invierten pesado en programas infantiles, no solo comprando series como “La Pantera Rosa”, sino que creando producciones propias, como los espacios de Bozo, Mara Maravilha, Simony y Eliana Michaelichen.

Con todas esas inversiones, no solo lograron atraer a los ya mencionados avisadores más duros que en un principio veian con estupor ver siquiera uno de sus avisos en SBT, sino que también suben notoria y considerablemente su sintonía, ubicándose en el segundo lugar de sintonía. Uno de sus eslogans en prensa escrita precisamente era “Lideranca absoluta no segundo lugar”.

Y eso solo se logra con gente profesional: Quienes lograron tal hazaña en la cadena multicolor fueron Luciano Callegari (jefe de programación hasta 1997), David Grimbank (quien fundó el área de novelas en el canal, que lo intentó hasta que resultó con “Eramos Seis”) y el publicista Washington Olivetto, quien creó una serie de avisos simpáticos, con mucho humor y autotrolleo, donde además hacían referencias inteligentes a la cadena del “Plim Plim”. No podemos dejar de lado a Mario Lucio de Freitas, quien creara las promocionales más reconocidas, en su mayoría, basadas en las campañas de otoño de las networks norteamericanas.

Una programación cercana a la familia brasileña, y que construye identidad. Tanta que tiene sus fans: Los SBTistas, que no solo están repartidos en redes sociales, sino que además realizan visitas periódicas al hoy CDT de Vila Anhaguera, y además se sacan fotos con las estrellas y el talento de “A Cara do Brasil”. Y si, son más bancables que los Megalovers de mi país, y por cierto, creo que hasta a ellos mismos les daría vergüenza sacarse una foto con Oriana, Gala, Rubí, Gemma y esa “gente”. De hecho, los que salieron de “Casa dos Artistas” en el 2001 hasta son más pasables que los que salen de los realities de Corvalán. Por cierto: Bárbara Paz, su primera ganadora, hoy es una destacada actriz incluso siendo parte de la misma Globo. ¡Hácete esa, Rubí!

SBT es un buen ejemplo de cómo ser populares, pero sin perder la inteligencia, el sentido común y con todo eso, lograr ser rentables y trascender en el tiempo como un canal cercano y que la familia puede ver sin pasar ni una gota de vergüenza. Y es una dirección que, si uno aspira a ser ejecutivo de algún alto cargo en la televisión de nuestro país, no puede ni debe dejar de lado.