La editorial de los lunes: En defensa de un modelo de televisión con sentido

Agosto 14, 2017 |
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Usted sabe las dos noticias puntuales tevitas que tendremos este fin de semana: El anuncio de que si no se aprueba la capitalización estatal de TVN (satanizada por la gente de derecha e incluso editores de medios como Christian Leal Reyes de Biobiochile con el mal argumento de “mis impuestos”, y mejor ni hablemos de los ex CadenaChile) se procedería a un eventual cierre el próximo año, y la entrevista a La Segunda donde el rector de la PUC, Ignacio Sánchez, hablaba de vender su parte de la propiedad de Canal 13 apuntando a que se querían alejar de una TV comercial, para asi ponerle énfasis a SeñalUC, su señal en TDT que tienen bien abandonada.

Ya dijimos anteriormente que, en tiempos donde Chile busca ser más progresista y combatir la corrupción y la codicia política venga de donde venga, un canal con valores anticuados, ligada directamente a una iglesia que encubre pederastas y que ha manifestado su conservadurismo en temas como el SIDA y la comunidad LGBTQ… es que no, no cuaja.

Y ya dijimos el viernes pasado que el posible cierre de TVN se debe a una mala percepción de la ciudadanía, con complicidad de la prensa golpista de farándula, contra el canal de todos los chilenos. Y también, de ejecutivos que poco y nada saben de mantener un canal, pero si de política.

Debo reconocer que la última noticia me dio miedo, pavor. Porque podemos perder otro valioso medio de comunicación estatal. Ya perdimos Radio Nacional de Chile, Piñera privatizó La Nación en medio del fallo de La Haya, y ahora se teme lo peor si nos quitan un medio vital como TVN. Sería un triunfo de un modelo televisivo que metió a la televisión chilena en una crisis de la que todavía no se recuperan, y esto solo sucede por puro y absoluto pragmatismo, tozudez y falta de visión ni percepción de lo que quiere el Chile de hoy.

¿A qué me refiero? A los mismos de siempre. Los farandulitos que invadieron y saquearon la riqueza televisiva chilena en pos de un rating que durante un tiempo los favoreció, pero que en este tiempo se redujo su presencia en la pequeña pantalla, no asi en su poder para influir en masas y gustos, como sucedió con la crisis de TVN y como bien lo expuse en otra columna.

Yo he tenido la grata fortuna de ir a la Biblioteca Nacional, a conocer una historia televisiva cuando todo era luces, una danza de millones, pega segura y rating que siempre los favorecía. Claro, no existía Internet, el cable era un lujo que solo se podían dar en los barrios altos de Santiago, y el único medio masivo que podía hacerles peso era la radio.

Por ahi por el 2006, empezó a bajar el nivel. Consecuentemente con una prohibición de los canales más grandes de que otros usaran sus imagenes. Ahi comenzó la debacle: Tuvimos gente sin talento, ni valores, ni mucho menos aptitudes ni vocación, pero que ahi la TV chilena invertía altísimos “sueldos de Madonna”. Asi, lo que se invertía, se invertía mal. No había para lo que importaba, pero si para lo que en ese tiempo rendía.

En el 2011 la debacle se profundizó: Los estudiantes salieron a marchar por sus derechos y para que la educación no fuese más un privilegio, ni mucho menos tuviesen que endeudarse para ser alguien en la vida. La televisión chilena no solamente criminalizó las marchas (¿se acuerdan de ese reportaje de Tele13 de la época en el que mostraban solamente los destrozos durante las marchas?), sino que se usaron los escándalos faranduleros como cortina de humo para tapar esos problemas y las desigualdades sociales. Consecuentemente, quienes hacían farándula en esa época eran gente de ultraderecha y sin ninguna ética: Rodrigo Danús (ex Seremi durante la dictadura y ex ejecutivo de Endesa), Carlos Valencia (que ofrecía a diversas modelos favores sexuales a cambio de pantalla en su “Primer Plano”).

A mi nunca se me va a olvidar cuando hicieron una campaña contra todos quienes opinaran contra ellos, como Daniel Alcaíno o Amaro Gomez-Pablos, a los que en SQP insultaron. Asi como una campaña por decir que nuestros artistas eran “fomes”, como la que emprendieron contra la rapera y lider feminista Anita Tijoux, a la que el panel tildó de “Carita de nana”.

Durante el gobierno de Bachelet, la farándula redujo su presencia en medios, no asi en su poder mediático para influir en las masas. Y volvemos a tener el caso de TVN: Lo vendieron como un canal malo, que no se podía ver. Pero la verdad es que era el precio que el canal de todos los chilenos tenía que pagar por ser el canal que más cultura difundía en nuestra TV. El “costo valórico” como llamé en su debido minuto.

En consecuencia: Una televisión “low cost”, con niveles de producción bajísimos y el mínimo de personas laburando en ella, sumado a los “fondos buitre tevitos” (altas sumas de dinero que se pagaron a vagonetas sin oficio ni beneficio por insultar o sacarse los trapitos al sol ante todo Chile, con la complacencia de muchos que hoy abrieron los ojos y se dieron cuenta de que era el cáncer televisivo, y que incluso adhieren a causas feministas y progresistas) dejó a la TV tal como está. ¿La solución? Elevar el nivel. No hay otra.

Se bajó el nivel y la oferta programática de la TV chilena y el avisaje bajó. En Brasil, cuando la SBT inició sus transmisiones en 1981, se transmitieron muchos contenidos “popularescos” que no eran rentables para sostener el naciente canal. Y no, un programa donde habían conflictos, peleas físicas y al final se ponían a rezar el Ave María, no iba a llamar la atención de los avisadores más duros. Entonces, Silvio subió el nivel del canal y se contrataron rostros como Hebe Camargo, Boris Casoy, Mara Maravilha, Bozo, Sergio Chapelin, Gugu Liberato y Jo Soares, además de comprar películas que se exhibían solo cuando la novela de Rede Globo finalizaba. ¿Resultado? El esquema funcionó, la calidad subió, y con él llegó la audiencia y los avisadores.

Entonces, podemos decir que en la realidad chilena, con la llegada de Netflix, el cable y plataformas como YouTube donde uno sube sus contenidos y los mira según su gusto, la audiencia maduró. Pero la TV chilena no. Al contrario, siguió con su pragmatismo, extendiendo aún más los noticieros, llenando la tarde de novelas turcas, algunas con más éxito que otras, cerrando áreas de prensa dejando millones de personas sin empleo, dejando de invertir en artistas de buen nivel, y un largo etcétera.

Pero espérese, que ahora nos hablan demasiado de Venezuela con una segunda intención, sin desconocer la lamentable situación política y social del país llanero, de lado a lado: Nos quieren meter un cuco con un segundo gobierno consecutivo de izquierda, sea este de la Nueva Mayoría o del Frente Amplio. Lo mismo que pasó en España cuando Unidos Podemos ganaba en las encuestas y medios de la derecha más dura como Antena 3, 13TV y el nunca bien ponderado Intereconomía (ligado al franquismo más recalcitrante) “aplicaban el shock”. ¿Resultado? El PP la fuerza más votada y Rajoy por cuatro años más, sin importar los miles de casos de corrupción como Gürtel y los paraísos fiscales en Suiza.

Podemos llegar a la conclusión de que la TV chilena carece de riqueza y de voluntad de hacer bien las cosas. ¿Hay una solución? Los televidentes ya adoptamos otras formas como el cable, ya la TV chilena no nos importa como hace 20 o 30 años. Desconocer que la crisis se debe al factor contenido o a la sobrepoblación de faranduchorros es de un infantilismo y una justificación de lo injustificable. Recuerden que ustedes crecieron viendo buena tele y que uno de los despedidos que tuvo nuestra TV bien pudo ser usted, estimado lector.

Por eso, es nuestro deber defender una televisión con sentido, entendimiento y razón. Que los valores con los que aprendimos en nuestras casas no se pierdan al ver a una rota que lo único que sabe hacer es insultar clasistamente bajo el beneplácito de productores perversos que solo piensan en las planillas de Excel. Queremos una televisión que informe, eduque y entretenga. Queremos gente, buena gente, que transmita valores positivos, ideales bien claros y que, a través del deporte y la música, le digan a otros que si explotando al máximo sus talentos pudieron ser alguien en la vida, ellos también pueden. Porque eso es televisión democrática, una donde los sueños se hacen realidad y no se oculten tras la alfombra.

Esta guerra contra los malos contenidos que propiciaron la crisis, que también es una guerra ideológica entre dos modelos muy distintos de entender la tele, está recien empezando. Y la vamos a ganar. Tenemos que ganarla. Porque sino, el futuro va a ser muy negro.

  • Rubén Ignacio Araneda Manríque

    Tanto TVN, como Canal 13, deben ser subsidiados por el Estado y de ocurrir aquello, no tendrían la Crisis que hoy tienen. Misma situación para Mega, para así mantener AHN Tarde los fines de semana. Si sigue esto, la TV Chilena morirá en menos de lo que canta un gallo.

    • Hernán Patricio Vega Berardi

      Querrás decir “moriría”, no “morirá”, estimado. Saludos