La editorial de los lunes: Prefiero periodistas que empresarios ocupando La Moneda

Abril 3, 2017 |
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Hoy fue la proclamación de Beatriz Sanchez como precandidata a ocupar el sillón de O’Higgins como parte del Frente Amplio, una coalición política que nació como fruto del descontento con la política más tradicional, esa de “la política de los acuerdos”, la de las modificaciones a las reformas en una cocina, la del pinochetismo más duro, la de la whiskierda y la que reniega por qué luchó por la democracia para enriquecerse; también la que busca perpetuar las desigualdades políticas y sociales a través de programas de televisión o pasquines de dudosa reputación.

Cierto, muchos miran con reojo que ahora cualquiera se sienta con la gallardía de ser candidato a presidente, puesto que de acuerdo a Cambio 21, hasta la fecha hay, lea bien, no es joda: Diecinueve candidatos! 19! Y de esos, salvo Alejandro Guillier (que es uno de mis favoritos por razones que daremos más abajo en esta editorial), ninguno hace la diferencia.

Y en eso, precisamente eso, llegó Beatriz Sánchez.

Esta viñamarina, que estudió en la Universidad de Concepción, que hace poco dio una charla para los estudiantes de periodismo del Campanil, se siente tan segura de que puede dar la misma sorpresa que dio Jorge Sharp en unas municipales que, desde el punto de vista de quienes ganaron, sobre todo en Maipú, Talca, Santiago y Providencia, fueron prácticamente olvidables. Ya ha criticado políticos y movimientos desde su tribuna, tanto en ADN en un principio como en Radio La Clave.

A Sánchez le tocará competir con un ex compañero suyo, Alejandro Guillier, que desde su cargo de senador por Antofagasta hemos tenido de él puras buenas noticias, apostando fuertemente por el regionalismo y la descentralización de nuestro país que cree que empieza en Santiago… y termina en Santiago. Se conocen no solo desde la ADN sino que en el recordado “Hora 20”, cuyo fin todavía sigue doliendo entre la ciudadanía que busca información veraz y con sentido y razón en los medios tradicionales, pero que no lo encuentra por temor o compromiso.

Creo yo que en ambos debe estar el futuro de esta patria. De este Chile, un país que busca cultura, educación y justicia social. De este país que adora más a farandulitas sin talento más que en cantantes o grupos musicales que si nos deberían dar orgullo. Este país que cree que la mejor forma de protestar es no usar los estacionamientos o supermercados por un día, y no es la idea.

Pero por sobre todo, porque no queremos volver a un periodo en que cada noticia del gobierno era mala, donde el desanimo era evidente en nuestro país y donde la corrupción estaba a la orden del día.

Porque no hay nada peor que Piñera salga presidente de nuevo, aún con todo lo que hemos sabido de él, aún con todo lo que él evadió de impuestos, con toda su corrupción (que precisamente no es condenada enérgicamente por ese medio que precisamente lleva la palabra “Corrupción” en su nombre), con todo su nepotismo y sus políticas rancias o que después se olvidan… ¿Alguien todavía relembra los acuerdos “GANE” y “FE”, que nunca llegaron a la luz?

No hay nada peor que Piñera salga presidente de nuevo, ese candidato imputado, que tiene a toda su familia en un negocio ilícito, pero que eso no le importa a la derecha dura, que busca la viga en el ojo ajeno (el de la Nueva Mayoría o en cualquier cosa que involucre a la izquierda, aún cuando aquella noticia sea falsa) pero no en la propia, esa que no tiene nada de autocrítica ni que le produzca la más mínima sensación de orgullo, y no le queda otra que hablar de lo bueno que era el “Primer Infante de la Patria” o la “Gesta heróica” del 73, como si eso fuese algo que nos tendría que enorgullecer.

No hay nada peor que Piñera salga presidente de nuevo, ese candidato cuyos partidarios vitorean al genocida reconocido internacionalmente como asesino, ladrón y traidor a la patria, después de que unos cantantes cuicos que nadie conoce hayan cantado canciones de Violeta Parra. Ese candidato que lidera en las encuestas pro-derecha, que creen en la idea de que “con Piñera, Chile crecía” pese a que ninguno de los que lo dice con alegría y hasta con confianza, haya recibido algo siquiera de ese “crecimiento”. Porque ese crecimiento estaba en la colusión de los pollos, en el de los conforts, en el Pacogate, el Milicogate, en los senadores que recibieron plata de Penta y hasta de empresas pesqueras para hacerles leyes a su medida, en los operadores de la UDI que le tendieron una trampa a Bachelet y le cagaron la imagen gracias a su hijo y Natalia Compagnon, en las empresas que evaden impuestos y que pagan impuestos que son un chiste al lado de ese pequeño o mediano almacen que tiene que desembolsar una gran suma de dinero, y al que le cierran el negocio solo porque no dio una boleta.

Por eso, prefiero mil veces que periodistas serios, que se involucran tanto en la política como este servidor, lleguen a La Moneda en vez de un empresario que ya nos causó amargura en su primer periodo, y que pese a todo, quiere volver para llevarse lo que no se pudo llevar en sus primeros cuatro años. Porque Piñera degradó la imagen del “presidente de la República de Chile”, que antes inspiraba respeto, pero que llegó él y ahora es cualquier cosa, menos alguien que genere empatía. Y porque en la misma derecha saben que si hay un 40% de participación y si los más jóvenes (a los que precisamente apelan Sánchez y Guillier) se abstienen, se repite la triste historia de las municipales.

Por cierto, veo mucho twittero apoyando a Beatriz, para todos ellos un consejo sabio: Ratifiquenlo votando por ella. No se queden en su casa con la confianza de que es una “carrera corrida”. Quiero ver el mismo 71% de participación que hubo en Ecuador para la continuidad de la “Revolución ciudadana”, quiero ver optimismo, quiero ver voluntad real de que cambien las cosas en este país. Si Holanda y Austria pudieron frenar el populismo derechista neofascista, ¿Por qué Chile no puede?