El crudo diagnóstico de Álvaro Díaz sobre la crisis de nuestra TV

Enero 12, 2017 |
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Muchas voces han salido acerca de la crisis de nuestra televisión, pero lo que más nos gustaría ver y lo que mejor le convendría a los televidentes chilenos son cambios concretos acerca de lo que sucede en el medio. El periodista, actor, guionista, cantante y comediante nacional Álvaro Díaz, creador de la productora “Aplaplac” y uno de los responsables de programas buenísimos como “31 Minutos”, “Plan Z” y “El Factor Humano”, sacó la voz en el Diario The Clinic acerca de la realidad del medio televisivo.

De partida, habla acerca de la programación infantil, y pone el punto de comparación con lo que sucede en Japón, una superpotencia en contenidos de ese ámbito:

A pesar del éxito que tuvo 31 Minutos, en la tele chilena casi no hay espacios para que los niños piensen o imaginen otros mundos.
–No hay. Y es muy triste. Casi cualquier cosa ligada al contenido desapareció. Por otro lado, aquí todavía se cree que los programas infantiles son para educar, mostrando cómo se siembra una semilla, o que tiene que haber pendejos saltando y gritando. Los buenos programas infantiles siempre han sido muy libres y experimentales, y exploran niveles de comunicación. Y cuando te involucras con los niños, te das cuenta de que son muy complejos en términos de cómo se vinculan o qué les interesa. Los japoneses siempre supieron eso: que tenían que crearles mundos muy complejos donde ojalá los adultos no se pudieran meter. Y que esos mundos tuvieran relaciones raras, porque los niños se entretienen mucho con eso, pero que a la vez tuvieran una lógica interna. La gente acá no entiende que no tenís que enseñarles matemáticas. Entonces, si mostrai unos monos muy simpáticos, te tienen que terminar enseñando a sumar. Y hueón, pa qué. O si vai a enseñar matemáticas, mejor métete en un dilema matemático, como el cubo Rubik, que sea apasionante.

Además, tiene su diagnóstico acerca de la crisis de TVN:

¿Cómo ves la crisis por la que pasa TVN?
–A TVN lo empezaron a destruir hace mucho. No fue la última administración. El año 2011, se nombró –y no era culpa de esa persona– a cargo de programación a un tipo experto en góndolas de supermercados. Y nadie alegó. Yo sentí que había una ceguera nacional al respecto. Poner a un gerente de supermercado a cargo de la programación es que erís humanamente muy penca, es que no te importa nada. Si TVN estuviera quebrado porque dieron documentales de África o entrevistas a científicos, sería la raja. Moriste con las botas puestas. Pero está quebrado porque contrataron a Raquel Argandoña. ¡Está quebrado por Viñuela poh, que más encima le pasó la plata a Chang!

Ni siquiera se la alcanzó a gastar.
–Es plata que se perdió en el wáter. Por último el hueón se hubiese construido una casa y hubiesen ganado los que construyeron la casa, pero nada. O sea, cuando te gastaste la plata en eso y te diste cuenta de que eras tan frágil que dependías de Camiroaga o de las teleseries, es que eres muy penca. Es muy triste. Hace muchos años, cuando a TVN le iba muy bien, uno le reclamaba la falta de contenidos y te decían “lo que querís es que aquí transmitan la ópera todo el día”. Pero, hueón, por qué caricaturizar esa huevá. “Es que este canal tiene que financiarse haciendo realities”. Hueón, pero por qué tienen que dar todas las noches la misma hueá. “Ah, entonces, lo que voh querís es que hayan documentales alemanes”. Puta, entonces, no se puede hacer nada. Esa actitud los terminó quebrando.

Ahora le quieren inyectar recursos…
–Puta, pa dar “Moisés”. Si querís dar “Moisés”, mejor cierra el canal. Si te sentís orgulloso de eso, hueón, es una vergüenza. Ese es el gran fracaso: que tienes que dar “Moisés” en el canal público.

Y además, habla de la monotonía de la televisión de hoy, que incluso llegó al área cultural:

Y más allá de TVN, ¿qué te parece la televisión chilena?
–Penca. Los tipos ahora se dieron cuenta de que la forma más barata y atractiva de hacer tele cultural era hacer programas de viajes costumbristas, que se transformaron en un montón de compadres que no saben absolutamente nada viajando a meter cucharones de palo y a revolverle la olla a las viejas. Sería la raja que la moda fuera mostrar lugares e interesarse por la gente, pero de verdad el tipo de gente que viaja es deplorable. Los tipos ni siquiera leen Wikipedia. Ni siquiera te dan esa información porque es demasiado compleja. Entonces, va gente que no puede comer arroz sin impresionarse, porque “ay, al arroz le echan esto verde”, que no podemos saber cómo se llama, porque no saben nada. Es gente completamente ignorante. El otro día había un tipo que se ponía debajo del Empire State y gritaba un ceacheí, hueón. Tú decís “por qué tienen que gritar”. En ese sentido, el aporte del programa de Federico Sánchez y Comparini es súper bueno. Te puede caer como las hueas Federico Sánchez, pero no podís negar que ese hueón está tratando de darte un contenido y está mirando la ciudad. Pero hoy se entiende que la televisión abierta no puede tener un contenido. Tú ves un matinal y nadie sabe nada.

Ustedes hace poco fueron al “Mucho Gusto”…
-Sí, estábamos haciendo promoción. Y nos entrevistaron unos niños que nos preguntaban cualquier cosa. Era bien incómodo, porque no querían preguntar nada. Nos preguntaban por qué éramos tan fomes. Y voh, hueón… Lo que te quiero decir es que hubo un daño enorme cuando se empezaron a traer formatos. Cuando tú borras la línea de creación –o sea, donde tienes guionistas, directores, aunque sean malos– te vas a la cresta. Y cuando empezaste a creer que la entretención tiene que ser boba, redundante o gritona, te transformaste en algo muuuy penca.

Y sobre la farándula, Díaz fue bastante claro:

¿Te gusta la farándula? ¿O la satanizas?
–No me interesa absolutamente en nada. En algún minuto era entretenida y uno conocía a los personajes, pero hoy no tiene ningún valor, y creo que la misma gente que trabaja en farándula no le encuentra ninguna gracia. Es muy fome, todo es muy vulgar. Y si te toca de rebote porque dijiste algo, que te estén persiguiendo por una tontera al final es hipermoralista.

Asi como él, habemos varias personas que estamos preocupadas por los contenidos que hoy ofrece la televisión chilena. Lo que dijo Álvaro sin duda es para aplaudir de pie, porque dijo lo que cualquier televidente inteligente piensa y dice en redes sociales y en diferentes conversaciones.